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Alas Para la Gente realizó 1.310 consultas en La Unión, Sucre.

La brigada de salud llegó a este apartado municipio con nueve especialidades médicas.

“La Unión es un pueblo de gente pobre, de gente que no ha tenido un apoyo en la parte de salud”, saluda Hernando Ordosgostia, un empresario oriundo de este pueblo, antes de empezar a enumerar las otras dificultades de sus paisanos: vías, infraestructura educativa, servicios públicos, corrupción.

En este lugar viven unas 13.000 personas entre la zona rural y urbana. Se sostienen principalmente de la ganadería, de la agricultura (maíz, yuca, arroz), y, ya no tanto como antes, de la pesca en las Ciénagas de Caimito, un pueblo que queda a media hora.

Este tipo de poblaciones vulnerables son las que elige la fundación Alas Para la Gente para llevar sus brigadas médicas. “En estas regiones tan apartadas del país no cuentan con servicios de salud de calidad, tienen que recorrer horas enteras para poder acceder a hospitales de segundo o tercer nivel”, explica Olga Fernández de Soto, directora ejecutiva de la Fundación Entretejiendo, quien se unió a esta iniciativa, y que también contó con el respaldo logístico de la alcaldía municipal.

El lugar que albergó la jornada de día y medio es un centro médico en construcción. Ya está prácticamente terminado, pero le falta la dotación, y es una iniciativa privada. “Hemos construido este lugar, que va a llevar el nombre de mi papá, Rafael H. Ordosgostia, y es de carácter privado, no tenemos ni ayuda del Gobierno ni de políticos, fue una decisión que tomamos con mis hermanos”, dijo Hernando.

En esta estructura se acomodaron los profesionales en salud -especialistas en odontología, optometría, fisiatría, medicina general, pediatría, ginecología, otorrinolaringología, medicina alternativa y dermatología-, con la única misión de llevar un poco de bienestar a quienes más lo necesitan.

“Tengo la vista toda obscura, como borrosa, como cuando hay muchas nubes. Casi no veo y tengo una lloradera de agua por los ojos, y a veces me da rasquiña también”, describe su dolencia María Raquel Mancilla, una mujer de la tercera edad que llegó a la jornada en busca de una ayuda que le dé alivio.

Según explicó Elsa Arjona de Meléndez, Administradora de la fundación Alas Para la Gente, los problemas de visión, al igual que los dentales y la atención a los niños, son los más requeridos en estas brigadas. 

“Las personas necesitadas tienen muy poca atención de los optómetras, se quedan sin ver cuando fácilmente se les puede ayudar con unos anteojos; los odontólogos trabajan con gente a la que nunca le han mirado un diente”, describió Elsa.

Ni el intenso calor, ni las largas filas de pacientes, ni las detalladas y por momentos extensas consultas, fueron impedimento para que los especialistas, hombres y mujeres con un genuino y desinteresado deseo de ayudar, cumplieran a cabalidad con su misión.

“Par mí es una forma de ayudar más a los pacientes, es una cosa gratificante porque ponemos un granito de arena”, dijo el odontólogo Daniel Pérez. “Da una sensación de alegría, uno siente que puede ayudar desde la experiencia como mujer y como médico”, agregó la médico general Karen Meza. “Nuestra misión aquí es ayudar y estamos felices de hacerlo”, concluyó Luis Manuel Vásquez, otorrinolaringólogo. 

Tras un día y medio de labor, de acuerdo a lo revelado por Mateo Arjona, director Ejecutivo de Alas Para la Gente, se realizaron en total 1.310 consultas y procedimientos, se atendieron a más de 200 niños y se recetaron y entregaron más de 70 gafas.

Articulo tomado del EL TIEMPO

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